Hay algo en ti que me cautiva quizás un fuego oculto, quizás una llama. Un misterio que me encanta de tu risa, de tu mirada tímida pero coqueta. A veces tu voz me lanza directo a los abismo prohibidos en mi mente, otras veces a los cielos dulces y tiernos; Y yo te miro desde lejos y dibujo ilusiones, escenas, pasiones. Aunque me detengo inquieto porque el aire se torna espeso, tentador. Cuando pasas cerca, tu perfume se aferra a mi piel y mi mente traza caminos prohibidos con rutas a tus labios. Hay incendios que no quiero apagar, y tu eres uno de esos. Como tu cabello entre mis manos, y mis labios en tu cuello, en tu boca, entre tus secretos húmedos. Por ahora eres musa de mis versos más osados, un motivo de riesgo, y yo que soy valiente, caminaré. Y aunque seas prohibida, y aunque estas líneas no las debas leer, no puedo evitar desear, desear un instante contigo, sin el mundo, sin los pisos y los demás, porque somos tu y yo, nada más. Más vale que esta noche nos pensemos y...
Lo escrito a continuación, sucedió el 14 de abril de 2019 , entre las 3 y las 8 de la mañana. Y Reza sucintamente así: Desperté. La noche no fue ni por un minuto tranquila. Tengo aún los sonidos de las voces y la bulla taladrando mi cabeza. No pensé jamás que semejante mujer pudiera terminar en mi cama, y ahora está ahí, boca abajo, durmiendo tranquila. Sus cabellos rubios cortaban el blanco de mi almohada mientras yo tenía la leve sensación de que la faena no estuvo tan mala y por el contrario los gritos y los orgasmos se hicieron presentes. Tenía rasguños en mis brazos, los antebrazos, las manos, el pecho y en el abdomen, además del dolor en el pene, que no es necesario aclarar. Afuera había rezos extraños, y recordé que ese día, era el domingo de ramos. La hoja de palma que usaría para bendecirme estaba seca sobre la mesa de madera agrietada, más por el sexo que por lo vieja. En ese momento tenía la extraña sensación de estar siendo observado, pero pensé que debía...