Hay algo en ti que me cautiva
quizás un fuego oculto, quizás una llama.
Un misterio que me encanta de tu risa, de tu mirada tímida pero coqueta.
A veces tu voz me lanza directo a los abismo prohibidos en mi mente,
otras veces a los cielos dulces y tiernos;
Y yo te miro desde lejos y dibujo ilusiones, escenas, pasiones.
Aunque me detengo inquieto porque el aire se torna espeso, tentador.
Cuando pasas cerca, tu perfume se aferra a mi piel y
mi mente traza caminos prohibidos con rutas a tus labios.
Hay incendios que no quiero apagar, y tu eres uno de esos.
Como tu cabello entre mis manos, y mis labios en tu cuello, en tu boca, entre tus secretos húmedos.
Por ahora eres musa de mis versos más osados, un motivo de riesgo, y yo que soy valiente, caminaré.
Y aunque seas prohibida, y aunque estas líneas no las debas leer, no puedo evitar desear, desear un instante contigo, sin el mundo, sin los pisos y los demás, porque
somos tu y yo, nada más.
Más vale que esta noche nos pensemos y en sueños nos veamos, porque seguro mañana, seguirás siendo tentación, y un día de estos caeré, caeré en tus tentaciones y serás amada mía:
Al final eres la tentación que me hace poeta,
y la mujer que aunque lejana, se convierte en el epicentro de mis riesgos, se convierte en una llama, y no me arrepentiría de arder, pero debe ser contigo, en secreto o mejor a gritos, a gritos de pasión, de estasis, de tentación.
León Sánchez
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